Feb 18 2017

EL SABOR DEL AMOR

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EL SABOR DEL AMOR

Hoy me desperté con el presentimiento de que algo inesperado iba a acontecer en la pastelería que me vio crecer  durante 15 años. Un lugar impregnado de historias, secretos, chascarrillos y no podía faltar, algún que otro problema gustoso de tomar protagonismo.

Cada día pasaban por allí personajes de lo más variopinto. Rabietas infantiles, sonrisas ingenuas,  miradas cómplices, voces desgarradas, manos temblorosas, arrugas sabias. Todos ellos compartiendo espacio con el silencio entrecortado de la espera.

Lo peor, los fines de semana. Trabajar se hace duro y más cuando estás lejos de tu familia, pero siempre encuentro un instante donde dejar volar mi imaginación.

― ¿A qué sabrá el amor? ―me pregunté.

―Tal vez salado por la tristeza o amargo por la desilusión o quizás sabe a bilis por el enfado que le arropa ―respondió mi mente―. Cómo me gustaría probar el amor en mí y descubrir a qué sabe. Pero no me refiero al amor por mi pareja o mis hijos, sino a qué sabe el amor en sí mismo.

Sin apenas darme cuenta mi atención se dirigió a la Sra. Don y al Sr. Pep. Ni un día faltaban a su cita. Enamorados pero distantes. Cruce de miradas seductoras, sin mediar palabra alguna. Aquellas majestuosas y voluminosas curvas de Don eran capaces de poner firme a cualquier varón que se prestara y Pep no iba a ser menos.

Ambos se me insinuaron, aun no entiendo cómo lo hicieron. Sería el olor que desprendían, la dulzura con la que se miraban o tal vez, la crema con la que se acariciaban.  Un cúmulo de estímulos me condujeron a darles la mano. Primero un bocado de la Sra. Don y luego un bocado del Sr. Pep. Cerré los ojos para sentir como cada uno de ellos empezaban a formar parte del otro. La calidez y humedad de mi boca  les propiciaba una instancia agradable. Ya no había vuelta atrás. Solo había un camino. El que les llevaba a mi interior. Mi boca sedienta de más se fue calmando con el segundo bocado, el tercero, el cuarto y así hasta acabar con la última migaja.

¡El amor que la Sra. Donuts sentía por el Sr. Pepito estaba en mí! ¡Qué inmenso placer, sentir la fusión del amor en mi interior!

Aquella mañana descubrí, que el amor es dulce.

 

 

2 comentarios

    • Roberta on 02/06/2017 at 20:53

    Mas bien creo que esa mañana descubriste que …tenias hambre 😉
    Exquisito microrrelato. Un saludo

  1. Jejeje, el chocolate es siempre muy bien recibido.

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