Abr 02 2015

DAR Y RECIBIR

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Foto – Isabel Alarcón García

DAR Y RECIBIR

Erase una vez un planeta llamado Madre Tierra. Un día fue colocado en medio del universo con el fin de mostrar su gran belleza. Pasaron muchos años de soledad, se sentía triste porque por muy bello que era, nadie lo veía y nadie lo agradecía. Todos los días se despertaba con una hermosa sonrisa, pero se acostaba con el deseo de tener compañía. El universo viendo que pese a su tristeza no le faltaba bondad ni ganas de seguir espléndido, un día decidió agradecérselo otorgándole la compañía del hombre.

El hombre en aquel hermoso paraje se sentía tan bien, que con el tiempo, nuevos sujetos fueron apareciendo.

Madre Tierra, estaba alegre por haber perdido la soledad, sin embargo seguía sintiendo un pequeño vacío en su corazón.

Un día, un niño mientras jugaba en la arena del parque, hizo un hoyo en el suelo del cual comenzó a brotar agua. Eran las lágrimas de Madre Tierra.

– ¿Por qué lloras? – preguntó el niño.
– No lo sé, estoy rodeada de gente pero yo les ofrezco mis montañas, mis cuevas, mi arena y a cambio no recibo nada de ellos.
– ¿A caso crees que no estás recibiendo nada?
– No – contestó triste.
– Quizás no recibas del hombre como tú piensas, pero has de estar agradecido porque el sol te hace brillar, el viento moldea tu silueta, las nubes te dan sombra, el agua viaja por ríos, cascadas y mares, el aire permite que seres vivos estén sobre ti y la luna te hace brillar incluso en la oscuridad.

Madre tierra se quedó pensando por unos instantes. Pronto comprendió que cuando se da incondicionalmente, no podemos quedarnos a la espera de recibir del otro algo a cambio, debemos estar atentos a nuestro alrededor, pues seguro que estamos recibiendo aquello que necesitamos en mayor medida de aquello que esperamos.

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